

Si soy sincero, no recuerdo cual fue nuestro primer Saló. Yo diría que por allá 1993 o así. Recuerdo ir con Manuel Bartual y Quique Corts, con las carpetas repletas de intenciones y vacias de todo lo demás. Después llegaron los fanzines y los monos y Dude y los buenos y malos momentos. E incluso llegó el abandono total de la historieta, los salones agridulces y los reencuentros punzantes. Y un poco la vida en general, sin aspavientos ni grandes palabras, con mucha mierda y muchas rosas.
Cuando retomé los lápices, no lo hice por nostalgia de nada, ni porque mi padre y mi abuelo lo hubieran hecho antes y notase sobre mí la losa de la responsabilidad del clan, ni porque no supiera hacer otra cosa, sino porque finalmente comprendí que me gusta dibujar.
Hace poco fue la efemérides. Me siento un poco como Juanito Oiarzábal, "empeñado en subir por pendientes imposibles, sin cejar ni un tanto así y completar los catorce-ochomil. Y gritar: mirad lo que soy".
Para celebrarlo, repartiré un minifanzinillo. Aquí os enseño la portada y un dibujito. Sólo tenéis que cruzaros conmigo en el Saló y pedírmelo.