miércoles, marzo 25, 2009

Post 90: El traje del emperador




Sin el dibujo no soy. Es así de simple y de sencillo. He intentado durante años encontrarme y es ahora, finalmente, cuando empiezo a descubrirme. 

Hace seis meses mi vida cambió radicalmente: se rompió mi matrimonio, finalicé mi primera novela gráfica, me mudé de Sabadell a Barcelona, empecé a trabajar en el estudio Mariscal y toda una serie de piezas de hasta mi entonces vida, se desmoronaron a ritmos diferentes, unas con rapidez, otras pausadamente. A partir de ese momento, ha habido una constante y continuada sucesión de hechos que están llevándome por lugares que no imaginaba o que sólo intuía. 

No he rehecho aún mi vida. Supongo que es un proceso largo y lento. De momento, los parcheados no han funcionado. Creo que, a nivel estructural, el daño de esta aluminosis es total. Hay que reconstruir desde los cimientos. Tiempo, espacio, papel y tinta. Mucha tinta.

Mi vida y mis dibujos se entremezclan, se nutren y se pelean. Ahora dibujo mucho peor que antes, académicamente hablando, pero cada vez siento mis garabatos más cercanos, más intensos, llenos hasta los topes de fuerza y emociones. Cuando apoyo el boli bic sobre la libreta moleskine y dejo que se mueva, nunca sé adonde va a ir aunque lo intuya. Es la escritura automática de Carver aplicada a la ilustración. Nunca planeo, nunca borro, nunca corrijo. Todo primera intención y a seguir palante. Historietas que se escriben a partir de mis más inmediatas frustaciones y felicidades. Es la visceralidad más primitiva aplicada a la terapia del individuo. Una sucesión de referencias personales muchas veces indescifrables para aquellos que no son protagonistas, pero que parece que sí transmiten sensaciones. 

Nada me da más miedo que dejar de dibujar, porque en cierto modo, es sinónimo de dejar de sentir. Y nada me aterra más que dejar de sentir, porque quiere decir que no quedará nada que dibujar.

Llevo puesto el traje del emperador y, sin pudor alguno, se lo muestro a ustedes.

Gracias por su atención.

6 comentarios:

Juan Palacios dijo...

Sin palabras. Bueno si, no dejes nunca de sentir...

Bartu dijo...

No tenía ni idea de tu matrimonio, me ha sentado como una patada en el culo. Espero que todo vaya bien con respecto a eso.

En cuanto al resto de tu reflexión me ha parecido impresionante. Está claro que estás pasando por un momento jodido y el dibujo te supone en estos momentos un apoyo inmejorable.

Y yo creo que dibujas tan bien ahora como hace unos años. A los académicos que les follen.

Joan Marín dijo...

Gracias Juan.

Dani.
En realidad estoy muy bien. Todo lo que me está pasando para nada es malo! No era esa la intención del post. Han pasado muchas cosas maravillosas estos meses. Otras no tanto, pero eso es vivir, no? jajaja Simplemente que poco a poco se ha desmoronado mi cosmogonía, mi mundo anterior y ahora toca recomponerlo todo de nuevo, con la ventaja de todo lo vivido, por supuesto! Y con el apoyo de los amigos/as.
Y no odio el dibujo académico, ché!! De hecho me encanta. Solo que cada vez lo siento más lejano. Eso es todo!
Un besote y no te preocupes (eres un amor, chiquet!!)!!!

[M] dijo...

Me parece tan, tan, tan, tan de verdad lo que dices...y lo he sentido tantas, tantas, tantas veces... que pocas cosas puedo decirte aparte de que no dejes jamás de dibujar, nunca, porque es lo que a algunos nos hace ser quienes somos, y contra eso no se puede luchar.

Fuerza, y tinta.

Bartu dijo...

Entonces te he malinterpretao Joan, disculpa ^^U De todos modos aunque tú no odies el dibujo académico yo sí xD

Trufete dijo...

A partir d'ara la nostra "cita" de dilluns deixa d'existir, però hem de fer possible trobar l'ocasió per veure'ns... tinc realment ganes de ser a prop teu en aquest camí i de tenir-te a prop en el meu, que, d'alguna manera, segueixen rutes paral·leles.